jueves, 26 de mayo de 2011

COLEGIALA COLEGIALA




Paula Grande


Voy a empezar esta entrada con una confesión: me hubiese encantado llevar uniforme en el colegio. Un uniforme bonito, por supuesto, con falda tableada de cuadros y jersey de algún color vivo, camisa blanca y, lo más importante, medias de lana a juego con el jersey y por debajo de la rodilla, dejando ver una cuarta de pierna al aire (la falda, por supuesto, tendría que ser cortita, de colegiala-colegiala).
No, no destrocéis mi imagen mental contándome que vuestras faldas eran monjiles y el único color que se veía en vuestras aulas era el del boli rojo que la madre superiora utilizaba para corregir exámenes. No es eso lo que yo quería. Si visualizáis alguna película o serie juvenil en la que las protas utilicen uniforme, tendréis una imagen perfecta de lo que me hubiese gustado.


La cuestión es que sí, en mi adolescencia utilicé muchas faldas escocesas (recuerdo una amarillo huevo, de tela muy gruesa, a la que saqué partido hasta terminar la carrera), y sí, las ponía con bonitos jerseis de punto, pero no, no me atrevía con lo de las medias de lana.


Y tenéis que reconocer que el efecto no es el mismo si se llevan pantis de espuma (de las por entonces tan apreciadas “medias de cristal” mejor ni hablamos). Una opción menos arriesgada, que triunfó en mis años de instituto, fueron las medias de punto por encima de la rodilla o hasta medio muslo, lisas o de rayas, que se utilizaban con falda corta, y por encima de unos panties, habitualmente negros.


Yo de esas no llegué a tener, pero sí varias de mis amigas; las recuerdo con nostalgia (a las medias y a las amigas), aunque creo que si viese una foto me echaría las manos a la cabeza (rayas horitonzales en los muslos, a quién se le ocurre).


Yo las creía casi desterradas, hasta que una compañera de trabajo despertó mi envidia este invierno utilizando este mismo tipo de medias pero con botas altas arrugadas y vestido babydoll, dejando al aire una franjita de piel entre una cosa y otra. Cada vez que la veía, pensaba: “eso tengo que probarlo yo”, pero como tengo bastante pantorrilla y soy tirando a paticorta, me temo que el efecto no sería ni parecido. Para empezar, por muy anchas que sean las botas, ¡yo no consigo que me entre ni un dedo entre la piel y mi piel! Y si parece que se te va a cortar la circulación y los calcetines, literalmente, desbordan por fuera de las botas no creo que sea mi modelito más favorecedor.

Os cuento todo esto porque en los últimos días he visto varias opciones similares a mi sueño infantil-juvenil pero algo más arriesgadas. Se trata de calcetines o medias caladas, por debajo de la rodilla, que se ponen no sólo con faldita, sino con prácticamente cualquier cosa: shorts vaqueros desgastados, bermudas, vestidos... 


El efecto puede ser estiloso o espantoso, según quien lo lleve, pero tiende más a lo segundo. Por ejemplo: bambas, medias caladas negras con elástico por debajo de la rodilla, haciendo molla, y short vaquero deshilachado. O bien minifalda vaquera, panties grises y calcetines de rombos verdes hasta la rodilla (por supuesto, con el rombo deformándose bien al intentar abarcar un gemelo hiperdesarrollado).


Sin embargo, otras opciones son más acertadas: el otro día vi a una adolescente que combinaba bermudas rectas de rayas en azul y blanco con camiseta, bailarinas y calcetines altos con borla azul marino, y estaba muy guapa. El outfit me parece apropiado sólo para pre-universitarias, pero resultaba una reinterpretación (supongo que no premeditada) de una bañista de principios del siglo pasado de lo más interesante.


Para mí que los de los calcetines altos, a partir de los 14, se sitúa en la delgada línea que separa lo arriesgado, pero acertado, del punto “esta chica no tiene espejos en casa”. Difíciles de llevar con seguridad, pueden darle la vuelta a cualquier modelito, para lo bueno y para lo malo.

Pero de pequeños detalles que transforman nuestra imagen prometo hablaros otro día.

Hasta la próxima semana.

PD: Lectoras que me seguís, hace unos días estuve con la editora de este blog y tengo que anunciaros una cosa: ¡ella también ha caído ante la comodidad de los leggins vaqueros!

Y, la verdad, le quedan muy bien.

2 comentarios:

  1. A mi la verdad no me gusta nada de nada, muuuy arriesgado y no siempre queda bien!

    Un besitoooo

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  2. Estaba cotilleando tus post para conocer el blog y aunque çesta es una entrada antigua me ha parecido muy interesante tu manera de exponer y contar las cosas.
    Me quedo por el blog.
    Kind Regards.

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