Por María Guimeráns
El comentario de nuestra fiel lectora Esther a mi historia de los calzoncillos me ha recordado la existencia de una prenda que está, pero siempre intentamos que no se vea. Me refiero a la faja.
En el mundo fajeril, como en el fútbol, hay divisiones. En la segunda está la faja lumbar, muy usada por los caballeros con problemas de espalda, que de vez en cuando les asoma por los pantalones al inclinarse. Su uso, efectivamente, es directamente proporcional a la bajada de la libido.
Pero la variante más curiosa de esta prenda es la que llevaba mi amigo El Pelucas en su más tierna infancia. Hijo de sastres preocupados por que su tripa no sufriera las inclemencias del tiempo, El Pelucas se pasó los primeros inviernos de su vida con una pieza de tela elástica rodeándole la barriguilla.








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